viernes, 18 de diciembre de 2015

Comparaciones

Es fácil equivocarse. Ayer la pequeña D armaba castillos con bloques en la casa de J, nuestra vecina, amiga y, de alguna forma, compañera de crianza. Le pregunté a J si su hija hacía lo mismo. V que también estaba ahí interrumpió con algo sobre D que no recuerdo. Le pregunté a J, porque quería saber si el comportamiento de D era genuino o nato, si se quiere (que es nato? hay espacio para lo natural? tiene sentido lo natural cuando hablamos de comportamiento humano?). Me quede pensando en mi pregunta a J y creo que da espacio a la mala interpretación. No lo hice para comparar a su hija, V-ita, con D. No en absoluto. Pero es la misma pregunta o frase que se usa cuando se quiere hacer este tipo de comparaciones. O frases del estilo, Tú también hacías lo mismo cuando eras pequeño, o, Es igual que su mamá. Ahora, a mi modo de ver el mundo, la comparación es como la forma en la que nos adentramos al mundo, el lenguaje no es más que diferenciación, entramos en la existencia por la ausencia de las otras cosas. Pero mas allá del pajeo mental que podamos generar alrededor del concepto de comparación, no les parece una verdadera molestia que anden comparando a los niños? Hasta qué punto los famosos estándares nos transgreden y se transforman en obligación? Siempre le digo a V que según los estándares mis hermanas y yo estamos en desnutrición. Es sensible el tema porque debemos organizarnos de alguna forma, ponernos de acuerdo y ordenarnos alrededor de número suena fácil y hasta conciliador, porque descansamos nuestra responsabilidad en el número y nos olvidamos de la discusión de fondo: cómo ese número se transformó en regla.

D aún no recuerda (o distingue) muy bien los colores. Solo reconoce con completa seguridad el color morado. Siempre me pregunto cómo verá el mundo, si percibe todas las líneas diferenciadoras en las que nos apoyamos para entender las cosas, o simplemente corre (como suele correr D, subiendo los hombros y abriéndose paso con las piernas) y pasa por la vida sin que la toquen nuestros ojos maculados.


 

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