lunes, 7 de diciembre de 2015

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V me dijo (como pidiendo y ordenando al mismo tiempo) que teníamos casi el deber de escribir un blog de crianza. Especialmente tú que eres hombre, me dijo. Esta vez lo sentí como una afrenta, así que, como leen, V consiguió su cometido.

Como lo sabrán, criar no es fácil. Por lo mismo, escribir sobre la crianza, en sus múltiples formas, es también muy difícil. Siempre que pienso en D, y en que persona se transformará, pienso en mis miedos, mis neurosis. Algunos miedos parecen que se transmitieran a través de la sangre, volviéndose inexorables. Esto provoca que mis miedos me den más miedos, y que en un afán de evitar mi neurosis me vuelva más neurótico. Y cuando temes, fallas, te dejas acariciar por el discurso oficial. Te arrepientes, te haces el valiente. Pero las malas costumbres se instalan con facilidad. Y perduran. Y cuando esos malos hábitos se enfrentan a tu posibilidad de discurso, ves que tu cría se está echando una ramita ultra salada a la boca.

Los miedos nos ponen violentos. Violento hacia afuera, palabra armada; o violento hacia adentro, auto-destructivos. O una mezcla. Pero habitualmente reaccionamos como hincha de un equipo de futbol. Porque -también habitualmente- nadie nos enseña a habitar los discursos. Creemos que tenemos que contentarnos con aquellas verdades que nos parezcan plausibles en la medida que no nos exijan mucho. Y, por otra parte, intentamos ignorar todo aquello que parezca sobre-ideologizado. Es que la Dictadura dejó su marca en un sentido que vaya más allá de la Constitución. Y quienes ordenan la sociedad nos dejaron perfectamente alineados en nuestras celdas -que llamamos hogar-, perdiendo el contacto con cualquier forma de realidad más allá de la televisión, sistema de comunicación unidireccional que no permite replica. Sucede que nuestras ideas, nuestros discursos, nunca son compartidos con otro, porque no conocemos al otro, y porque le tememos al otro. Porque es malo relacionarse con el otro. Porque es malo hacer comunidad, en el sentido más básico de la palabra, es decir, tener una conversación más allá del clima con alguien con el cual compartes algún tipo de condición/espacio (vecino, compañero de trabajo, etc.). Y como estamos tan encasillados, cuando alguien comparte más allá del discurso establecido, automáticamente pensamos en que está equivocado, porque claro, el miedo primitivo del discurso oficial reacciona violentamente. Y por eso también pensamos que nuestras nuevas formas de crianza, que obviamente son nuevas formas de cultura, debe imponerse con fuerza y con violencia. Y debe cuestionar y criticar firmemente a las otras formas de crianza. Es que la cultura es violenta. No permite debilidades. Es una verdad no dicha sobre como nos desenvolvemos con el medio. Y por lo mismo, no nos podemos permitir ser violentos. Mas no implica que no seamos firmes. Y esa firmeza debe radicar en nuestra claridad. Claridad en lo que consideramos sano y correcto. Y claridad para dar un pie atrás, aceptar que nos equivocamos y que podemos cambiar de idea, y que esto no es el fin del mundo. De lo contrario, la llamada crianza en libertad, sería simplemente una crianza en el dejar hacer y estaríamos, simplemente, repitiendo el discurso oficial que tanto hemos criticado, el discurso capitalista que tanto renegamos. Quizás deberíamos hablar de la crianza hacia la libertad.

Claro, a veces ocurre que esa firmeza es interpretada como violencia. Yo creo que es parte de la necesidad de complacerse a si mismo. Por qué cambiar de idea de un día para otro? Es más fácil seguir igual. Y la norma es hacer lo más fácil.

Intento mirar a mi hija como si fuera una persona, es decir, como todas las personas. Como si no tuviera ni mi ADN, ni el de V. y Por lo mismo trato de darle todo el amor que todas las personas se merecen. Por eso trato de darles todas las oportunidades que se merecen. Con todos los privilegios que todos nos merecemos. Con todas las responsabilidades que todos tenemos con todos los demás y todo lo demás. Es difícil, porque no solo nos obliga a cuestionar los cánones de crianza, sino que también nuestro modo de relacionarnos con el otro. Pero de que se trata criar sino de cuestionar cómo nosotros mismos llegamos a ser cómo somos?

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