V me
dijo (como pidiendo y ordenando al mismo tiempo) que teníamos casi
el deber de escribir un blog de crianza. Especialmente tú que eres
hombre, me dijo. Esta vez lo sentí como una afrenta, así que, como
leen, V consiguió su cometido.
Como
lo sabrán, criar no es fácil. Por lo mismo, escribir sobre la
crianza, en sus múltiples formas, es también muy difícil. Siempre
que pienso en D, y en que persona se transformará, pienso en mis
miedos, mis neurosis. Algunos miedos parecen que se transmitieran a
través de la sangre, volviéndose inexorables. Esto provoca que mis
miedos me den más miedos, y que en un afán de evitar mi neurosis me
vuelva más neurótico. Y cuando temes, fallas, te dejas acariciar
por el discurso oficial. Te arrepientes, te haces el valiente. Pero
las malas costumbres se instalan con facilidad. Y perduran. Y cuando
esos malos hábitos se enfrentan a tu posibilidad de discurso, ves
que tu cría se está echando una ramita ultra salada a la boca.
Los
miedos nos ponen violentos. Violento hacia afuera, palabra armada; o
violento hacia adentro, auto-destructivos. O una mezcla. Pero
habitualmente reaccionamos como hincha de un equipo de futbol. Porque
-también habitualmente- nadie nos enseña a habitar los discursos.
Creemos que tenemos que contentarnos con aquellas verdades que nos
parezcan plausibles en la medida que no nos exijan mucho. Y, por otra
parte, intentamos ignorar todo aquello que parezca
sobre-ideologizado. Es que la Dictadura dejó su marca en un sentido
que vaya más allá de la Constitución. Y quienes ordenan la
sociedad nos dejaron perfectamente alineados en nuestras celdas -que
llamamos hogar-, perdiendo el contacto con cualquier forma de
realidad más allá de la televisión, sistema de comunicación
unidireccional que no permite replica. Sucede que nuestras ideas,
nuestros discursos, nunca son compartidos con otro, porque no
conocemos al otro, y porque le tememos al otro. Porque es malo
relacionarse con el otro. Porque es malo hacer comunidad, en el
sentido más básico de la palabra, es decir, tener una conversación
más allá del clima con alguien con el cual compartes algún tipo de
condición/espacio (vecino, compañero de trabajo, etc.). Y como
estamos tan encasillados, cuando alguien comparte más allá del
discurso establecido, automáticamente pensamos en que está
equivocado, porque claro, el miedo primitivo del discurso oficial
reacciona violentamente. Y por eso también pensamos que nuestras
nuevas formas de crianza, que obviamente son nuevas formas de
cultura, debe imponerse con fuerza y con violencia. Y debe cuestionar
y criticar firmemente a las otras formas de crianza. Es que la
cultura es violenta. No permite debilidades. Es una verdad no dicha
sobre como nos desenvolvemos con el medio. Y por lo mismo, no nos
podemos permitir ser violentos. Mas no implica que no seamos firmes.
Y esa firmeza debe radicar en nuestra claridad. Claridad en lo que
consideramos sano y correcto. Y claridad para dar un pie atrás,
aceptar que nos equivocamos y que podemos cambiar de idea, y que esto
no es el fin del mundo. De lo contrario, la llamada crianza en
libertad, sería simplemente una crianza en el dejar hacer y
estaríamos, simplemente, repitiendo el discurso oficial que tanto
hemos criticado, el discurso capitalista que tanto renegamos. Quizás
deberíamos hablar de la crianza hacia la libertad.
Claro,
a veces ocurre que esa firmeza es interpretada como violencia. Yo
creo que es parte de la necesidad de complacerse a si mismo. Por qué
cambiar de idea de un día para otro? Es más fácil seguir igual. Y
la norma es hacer lo más fácil.
Intento
mirar a mi hija como si fuera una persona, es decir, como todas las
personas. Como si no tuviera ni mi ADN, ni el de V. y Por lo mismo
trato de darle todo el amor que todas las personas se merecen. Por
eso trato de darles todas las oportunidades que se merecen. Con todos
los privilegios que todos nos merecemos. Con todas las
responsabilidades que todos tenemos con todos los demás y todo lo
demás. Es difícil, porque no solo nos obliga a cuestionar los
cánones de crianza, sino que también nuestro modo de relacionarnos
con el otro. Pero de que se trata criar sino de cuestionar cómo
nosotros mismos llegamos a ser cómo somos?
uy que entrete
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