Es fácil equivocarse. Ayer la pequeña D armaba castillos con bloques en la casa de J, nuestra vecina, amiga y, de alguna forma, compañera de crianza. Le pregunté a J si su hija hacía lo mismo. V que también estaba ahí interrumpió con algo sobre D que no recuerdo. Le pregunté a J, porque quería saber si el comportamiento de D era genuino o nato, si se quiere (que es nato? hay espacio para lo natural? tiene sentido lo natural cuando hablamos de comportamiento humano?). Me quede pensando en mi pregunta a J y creo que da espacio a la mala interpretación. No lo hice para comparar a su hija, V-ita, con D. No en absoluto. Pero es la misma pregunta o frase que se usa cuando se quiere hacer este tipo de comparaciones. O frases del estilo, Tú también hacías lo mismo cuando eras pequeño, o, Es igual que su mamá. Ahora, a mi modo de ver el mundo, la comparación es como la forma en la que nos adentramos al mundo, el lenguaje no es más que diferenciación, entramos en la existencia por la ausencia de las otras cosas. Pero mas allá del pajeo mental que podamos generar alrededor del concepto de comparación, no les parece una verdadera molestia que anden comparando a los niños? Hasta qué punto los famosos estándares nos transgreden y se transforman en obligación? Siempre le digo a V que según los estándares mis hermanas y yo estamos en desnutrición. Es sensible el tema porque debemos organizarnos de alguna forma, ponernos de acuerdo y ordenarnos alrededor de número suena fácil y hasta conciliador, porque descansamos nuestra responsabilidad en el número y nos olvidamos de la discusión de fondo: cómo ese número se transformó en regla.
D aún no recuerda (o distingue) muy bien los colores. Solo reconoce con completa seguridad el color morado. Siempre me pregunto cómo verá el mundo, si percibe todas las líneas diferenciadoras en las que nos apoyamos para entender las cosas, o simplemente corre (como suele correr D, subiendo los hombros y abriéndose paso con las piernas) y pasa por la vida sin que la toquen nuestros ojos maculados.
viernes, 18 de diciembre de 2015
martes, 8 de diciembre de 2015
Ser pareja después del parto.
Como en el texto
anterior explicó R, hemos decidido comenzar a escribir sobre nuestra
experiencia en la gestación, parto y crianza de D, en particular no quiero hacer
algo cronológico, espero empiecen a llegar propuestas de temas que les gustaría
que comentáramos, no es que tengamos todas las respuestas, en absoluto! Solo queremos
reflexionar colectivamente.
Quisiera comenzar con
este tema, uno de los más recurrentes en las páginas donde madres buscan
consejos, o compañía, pues nuestra naturaleza nos hace buscar comunidad.
Cuando ocurre el tan
esperado parto, a veces no estamos conscientes que también ha sido nuestro
nacimiento como madres y como padres, y así como ese recién nacido requiere de
toda la atención, cuidado y amor del mundo, internamente buscamos lo mismo.
Claro que los roles
son muy distintos, mientas nosotras nos comenzamos a acostumbrar a esa leche
que brota por nuestros pezones sin parar o a las heridas que se han producido
por la succión, o incluso a la falta de leche y la presión emocional que
significa no lograr satisfacer a nuestra cría, el padre debe acomodarse a ese
rol de protección y contención hacia su compañera (estén o no juntos como
pareja, se espera que el padre realice la mayor cantidad de tareas en el
cuidado del bebe, considerando que la gran parte del tiempo es la madre la que
necesariamente tendrá que amamantar) es un rol poco claro y obviamente lleno de
mañas culturales, desde que le dicen “ayuda” y no responsabilidad en adelante. Pero
luego que pasan las semanas, y los pezones comienzan a cicatrizar, y el
sangrado a detenerse, comienzan a aparecer esos momentos de intimidad que se habían
perdido. Hay parejas que no tienen relaciones durante los últimos meses de
gestación, por una decisión de ambos o de una de las partes, y después del
parto ni siquiera esperan la tan nombrada cuarentena para retomar la actividad
sexual.
En otros casos hay
mujeres que hasta horas antes del parto desean el encuentro sexual, y otras que
ya no sienten ganas desde hace meses, y posterior al parto ni siquiera lo
meditan!
Podríamos dar miles de
ejemplos!, cada pareja es única, con ritmos únicos, aunque podamos encontrar
historias muy similares, y todas vuelven a tener una “primera vez” en su nuevo
rol de padres/madres.
Si nos plantearan el
tema desde esta perspectiva, y lográramos entender desde antes del parto que
aquellas personas que buscaran tocarse, amarse y sentirse no serán las mismas,
y que aquellos cuerpos son distintos, sobre todo el de la mujer, y que
requieren de una reconquista de aquellos territorios que necesitan una nueva
forma de activarse, todo seria muchos más amable, con menos culpa, con menos
miedo.
Cómo le digo que no
quiero? Cómo le digo que no es que no lo ame? La culpa y la pena que aparece en
muchas mujeres. Qué te pasa, por qué ya no me tomas en cuenta? Por qué ya no
quieres que te toque si antes te gustaba? Confusión en los hombres, que a pesar
de sentir que “hacen todo por ella” nadie les da importancia.
Todo eso sucede porque
queremos que todo sea como antes, porque creemos que al momento de parir y de
cicatrizar la episiotomía, o al dejar de sangrar, todo ese camino que ya habíamos
recorrido sexualmente permanecerá inalterable.
Yo prefiero plantearlo
un poco así:
Tengo una buena noticia!
Nacimos de nuevo! Podemos conquistarnos,
podemos reencontrarnos después de un largo viaje, hagámoslo hermoso! ayúdame a
entender como ama esta mujer que soy ahora, yo quiero descubrirte de nuevo.
No nos pidamos explicaciones, no las tenemos,
estamos los dos partiendo en el mismo punto, todo lo que fuimos nos llevo a lo
que somos, y es el momento de hacernos cargo de todo lo que significa ser
padres, no me pidas ser como antes, ni en cuerpo ni en alma, porque me llené de
sentimientos nuevos, de un amor nuevo, y no quiere decir que no te ame más, o
que no quiero estar contigo, si lo deseo, pero aun no he logrado entender cómo
es que quiero hacerlo. No crees que es maravilloso volver a amarnos y valorar
lo que nos produce un beso? mi cuerpo está extraño, mi leche se escapa sin
poder contenerla, y creo que eso podría molestarte, pero si los dos nos damos
la oportunidad de reconocernos esta leche puede ser también la que nos alimente
a nosotros y nos permita abrir este canal por donde parí y que desconocía que existía,
y me gustaría compartir contigo.
Ahora es el momento en que quites de ti el
pensamiento de que mereces algo que no te estoy dando, porque estoy dando mucho
de mí en este desafío nuevo, si verdaderamente es amor lo que sientes por mi
querrás acompañarme en silencio, y estarás ahí cuando extienda mi mano pidiendo
agua, comida, cariño o lo que sea, esa es mi forma en que puedo amarte ahora,
si en cambio sientes aún que te debo más atención, entonces debes educarte,
lee, conversa con otros padres, busca apoyo, porque no es el momento para que
yo te entregue esas respuestas. Ves que maravilloso puede llegar a ser todo? Solo
tenemos que ser generosos y aprender este nuevo ritmo en el que nos estamos
amando.
No es que yo siempre
supe como resumir esto, hasta ahora jamás había hecho el ejercicio de
escribirlo, y probablemente es un resumen de muchas ideas que he leído por
todas partes (disculpen si estoy copiando a alguna autora/autor, lo hago sin
darme cuenta), pero creo que resume un poco las conversaciones extrañas y
algunas veces dolorosas que aparecen en el puerperio (espero R haga su propio
escrito sobre el tema).
Compañeras y compañeros
en la crianza, no es por ser repetitiva, la comunicación es lo principal para
solucionar los conflictos, pero evitemos que sean conversaciones que no
avanzan, y para eso lo único que podemos hacer el abrir la mente, educarnos y
acabar con nuestras ignorancias. Creo que esto es todo por hoy, en este graaaan
desafío de escribir este blog.
El amor es
generosidad! Dejemos que el amor sea libertad y sobre todo que nos haga
felices, si alguno deja de ser feliz, no teman en decir hasta luego.
lunes, 7 de diciembre de 2015
0
V me
dijo (como pidiendo y ordenando al mismo tiempo) que teníamos casi
el deber de escribir un blog de crianza. Especialmente tú que eres
hombre, me dijo. Esta vez lo sentí como una afrenta, así que, como
leen, V consiguió su cometido.
Como
lo sabrán, criar no es fácil. Por lo mismo, escribir sobre la
crianza, en sus múltiples formas, es también muy difícil. Siempre
que pienso en D, y en que persona se transformará, pienso en mis
miedos, mis neurosis. Algunos miedos parecen que se transmitieran a
través de la sangre, volviéndose inexorables. Esto provoca que mis
miedos me den más miedos, y que en un afán de evitar mi neurosis me
vuelva más neurótico. Y cuando temes, fallas, te dejas acariciar
por el discurso oficial. Te arrepientes, te haces el valiente. Pero
las malas costumbres se instalan con facilidad. Y perduran. Y cuando
esos malos hábitos se enfrentan a tu posibilidad de discurso, ves
que tu cría se está echando una ramita ultra salada a la boca.
Los
miedos nos ponen violentos. Violento hacia afuera, palabra armada; o
violento hacia adentro, auto-destructivos. O una mezcla. Pero
habitualmente reaccionamos como hincha de un equipo de futbol. Porque
-también habitualmente- nadie nos enseña a habitar los discursos.
Creemos que tenemos que contentarnos con aquellas verdades que nos
parezcan plausibles en la medida que no nos exijan mucho. Y, por otra
parte, intentamos ignorar todo aquello que parezca
sobre-ideologizado. Es que la Dictadura dejó su marca en un sentido
que vaya más allá de la Constitución. Y quienes ordenan la
sociedad nos dejaron perfectamente alineados en nuestras celdas -que
llamamos hogar-, perdiendo el contacto con cualquier forma de
realidad más allá de la televisión, sistema de comunicación
unidireccional que no permite replica. Sucede que nuestras ideas,
nuestros discursos, nunca son compartidos con otro, porque no
conocemos al otro, y porque le tememos al otro. Porque es malo
relacionarse con el otro. Porque es malo hacer comunidad, en el
sentido más básico de la palabra, es decir, tener una conversación
más allá del clima con alguien con el cual compartes algún tipo de
condición/espacio (vecino, compañero de trabajo, etc.). Y como
estamos tan encasillados, cuando alguien comparte más allá del
discurso establecido, automáticamente pensamos en que está
equivocado, porque claro, el miedo primitivo del discurso oficial
reacciona violentamente. Y por eso también pensamos que nuestras
nuevas formas de crianza, que obviamente son nuevas formas de
cultura, debe imponerse con fuerza y con violencia. Y debe cuestionar
y criticar firmemente a las otras formas de crianza. Es que la
cultura es violenta. No permite debilidades. Es una verdad no dicha
sobre como nos desenvolvemos con el medio. Y por lo mismo, no nos
podemos permitir ser violentos. Mas no implica que no seamos firmes.
Y esa firmeza debe radicar en nuestra claridad. Claridad en lo que
consideramos sano y correcto. Y claridad para dar un pie atrás,
aceptar que nos equivocamos y que podemos cambiar de idea, y que esto
no es el fin del mundo. De lo contrario, la llamada crianza en
libertad, sería simplemente una crianza en el dejar hacer y
estaríamos, simplemente, repitiendo el discurso oficial que tanto
hemos criticado, el discurso capitalista que tanto renegamos. Quizás
deberíamos hablar de la crianza hacia la libertad.
Claro,
a veces ocurre que esa firmeza es interpretada como violencia. Yo
creo que es parte de la necesidad de complacerse a si mismo. Por qué
cambiar de idea de un día para otro? Es más fácil seguir igual. Y
la norma es hacer lo más fácil.
Intento
mirar a mi hija como si fuera una persona, es decir, como todas las
personas. Como si no tuviera ni mi ADN, ni el de V. y Por lo mismo
trato de darle todo el amor que todas las personas se merecen. Por
eso trato de darles todas las oportunidades que se merecen. Con todos
los privilegios que todos nos merecemos. Con todas las
responsabilidades que todos tenemos con todos los demás y todo lo
demás. Es difícil, porque no solo nos obliga a cuestionar los
cánones de crianza, sino que también nuestro modo de relacionarnos
con el otro. Pero de que se trata criar sino de cuestionar cómo
nosotros mismos llegamos a ser cómo somos?
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